La moda del siglo XIX Parte II.

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En nuestro artículo anterior, ‘La moda del siglo XIX‘, hemos hecho un repaso más o menos detallado de los usos y costumbres en la ropa femenina y masculina.

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Eran tiempos de falsas morales y decencias en la sociedad; así veíamos a una oronda señora atabiada de negro desde la cabeza a los pies, con su elegante polisón y misal en mano, o a las no menos santas bailarinas de cabaret (muy prolíferos en aquellos tiempos), que enseñaban las enaguas y parte de su geografía anatómica.
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La ropa interior o íntima

En 1886 se patentó el sujetador. Pero no se impuso de inmediato, porque se creía que partía a la mujer en pedazos.

Al principio los sostenes que se utilizaban eran telas de seda, envueltas en los pechos femeninos. Asimismo, los primeros calzones, distaban muchísimo de lo que hoy día podemos observar.

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Un hito importante de la lencería, fue la época de las monarquías europeas y el período napoleónico, en los cuales, el corsé tuvo un lugar privilegiado dentro de las mujeres. Ellas buscaban por medio de esta lencería, verse más espigadas y estilizadas.

De 1830 a 1914 imaginaros las capas que llevaban las mujeres bajo el vestido: camisa, pantalón, corsé, cubrecorsé, enaguas, todo con muchos volados, encajes, bordados, cintas y lazos.

Esta especie de elegante armadura de seda les proporcionaba diversas ventajas a pesar de la incomodidad:

1. Se eliminaba, para las chicas de familias bien, la posibilidad de una violación exprés.
2. Resultaba útil como chaleco antiatentados (en 1852 la reina Isabel II salió ilesa de una puñalada trapera gracias a su corsé).
3. Dada la distinción, pues sólo lo usaban las mujeres ociosas, ningún trabajo manual hubiera podido ser realizado luciendo aquel modelito.
4. Aseguraba que quien lo portaba era una mujer de buenas costumbres: el cuerpo holgado era signo de conducta holgada.
5. Declaraba a los cuatro vientos que no había embarazo.

El “culottes” fue al principio una prenda exclusivamente masculina, no estaba bien visto que la mujer lo pudiera llevar, ya que era símbolo de masculinidad. Fué George Sand la primera en ponerse pantalón y ropa masculina y fumar pitillos.

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En el Siglo XX, que también trataremos, las mujeres respetables utilizan ropa interior que protegía su virtud. Los burgueses tenían amantes reconocidas que usaban lencería lujosa. Eran sus gallinitas. La lencería estaba reservada entonces a las mujeres que ejercían el papel de amantes.

El Traje de Baño

Los pintores impresionistas retratan en diversas ocasiones aquella moda tan popular en nuestros días cuando llegan las merecidas vacaciones.

A comienzos del siglo XIX, comenzaron a estar en auge los baños terapéuticos. Los médicos recomendaban a sus pacientes su conveniencia, tanto en balnearios como en el mar, como remedio a ciertas enfermedades .

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No solo se consideraba un tratamiento eficaz para la meningitis, sino que se le atribuían efectos muy beneficiosos para erradicar la depersión y los males de amor.
Pero era necesario crear una prenda específica, ahora que a la playa acudía todo tipo de gente, no solo los ricos.

En sus comienzos , el traje de baño era un atuendo complicado, consistía en un vestido de franela, de corpiño ajustado y cuello alto, mangas hasta el codo, y faldilla hasta las rodillas. Bajo el vestido se vestían unos pantalones bombachos ,medias e incluso zapatillas de lona. Un atuendo verdaderamente complicado.

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Fué en 1855 cuando el traje de baño comenzó a sufrir sus primeros cambios. En Biarritz. La modificación del traje de baño francés consitía ” simplemente” en una especie de calzón de lana y una blusa de color negro que llegaba hasta más abajo de las rodillas y que se sujetaba con un cinturón. Ellos llevaban una especie de traje de marinero, listado.

La máquina del baño

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A partir de 1880 comenzó a utilizarse la llamada ” máquina de baño”, artefacto que se deslizaba , con la bañista dentro, provista del llamado capuchón de modestia, hacia el interior del mar mediante una rampa. Dentro de aquel cajón rodante , se vestían y desvestían los bañistas.

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El siglo XIX es la edad de oro de los balnearios como centros de salud, apoyado por el incremento de estudios sobre los beneficios de la hidroterapia. Recordemos algunos personajes ilustres como Eugenia de Montijo, Lord Byron, Jovellanos, Fernando VII o Campoamor, entre otros que utilizaron las aguas termales en balnearios españoles.

Curiosidades de hoy que fueron la moda de ayer. Joaquín Sorolla la plasmó en infinidad de retratos y pinturas paisajísticas. Esas obras, cargadas de esa luz que el pintor sabía atrapar en el pincel, las dota de vida y realismo.

Pero las imágenes de esa moda, en tiempo real, las puedes ver pinchando sobre el icono ‘videoteca de la historia‘.
Y si te apasiona el arte en todas sus facetas, no dejes de dar un repaso a las ‘Las Revistas de Joaquín‘.

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