La Moda en el Siglo XIX Parte I



A través de las prendas que ilustran este artÃculo se pueden ver muchas de las influencias, las innovaciones y los cambios de estilo que conformaron la moda del siglo XIX.
Los delicados bordados de los trajes neoclásicos, el elegante corte de las prendas masculinas, los vibrantes colores obtenidos con tintes artificiales y la profusión de ornamentos ponen de manifiesto algunos de los aspectos que hicieron que este periodo fuera tan rico. También nos muestran cómo la silueta femenina se transformó durante estos años debido al corsé con ballenas, al miriñaque, al polisón y a la habilidad en la confección de los vestidos.
Los elegantes vestidos femeninos, por ejemplo, tenÃan atractivos colores, diseños ampulosos y extravagantes y los ricos materiales con los que estaban confeccionados. Por ello, se encuentran representados en mayor cantidad que los trajes masculinos que, desde principios del siglo XIX, se hicieron mucho más sencillos, sustituyendo el atractivo decorativo por sutilezas en el corte y la confección.
Los cambios de la moda masculina fueron también menos llamativos y frecuentes que los de la femenina, de manera que los fracs, levitas y chaquetas se usaban hasta que estaban gastados o pasaban a pertenecer a otra persona. 
Fueron variadas las corrientes que siguió la moda durante el siglo XIX, desde las innovaciones tecnológicas a la pasión por los revivals de modas históricas.
Los trajes masculinos copiaban en muchos casos elementos decorativos que provenÃan de la indumentaria militar, particularmente durante el periodo de las guerras napoleónicas. Se extendió el uso de los trajes sastre entre las mujeres, poniendo de relieve cómo éstas, a fines del siglo XIX, habÃan adoptado la chaqueta masculina para muchas actividades al aire libre. A varias de estas prendas se les seguÃan dando nombres masculinos, como frock coats, ‘Ulter’, ‘Chesterfield’, ‘Newmarket’ y ‘chaquetas Eton’.
La influencia de la indumentaria marinera en la moda, fue muy popular entre la gente elegante, por ejemplo el prÃncipe de Gales (Eduardo VII, 1841-1910). En los años 70 la chaqueta masculina tenÃa solapas anchas y delanteros sesgados.
La moda revivió y reinterpretó estilos de siglos anteriores. Los delicados vestidos de muselina evocan modelos neoclásicos inspirados en las estatuas griegas y romanas, mientras que las guarniciones abullonadas y acuchilladas son reminiscencias del estilo Tudor.
El siglo XVIII proporcionó inspiración a las modas de finales del siglo XIX, incluyendo las creaciones de Charles Frederick Worth. Otra influencia importante a principios del siglo XIX fue el gusto por el dibujo escocés, debido al gran interés que despertaba el vestido antiguo de Escocia.
La mayorÃa de los modelos que se usaron en el siglo XIX eran invenciones recientes, a pesar de su pretensión de provenir de tradiciones de los clanes fechadas cientos de años antes.
HabÃa vestidos primorosos, encantadores, que transmiten un sentimiento de romántica fantasÃa; prendas de vaporosas gasas que manifiestan el aspecto delicado, de ensueño, que caracterizaba a los trajes de noche de los años 20, y de colores tan evocadores como el ‘rosa de doncella sonrojada’ que intensificaban su calidad etérea.
Las mangas enormes, las cinturas pequeñas y los lazos suspendidos de los trajes de los años 30 resumen la exuberancia romántica inspirada en la historia, especialmente cuando estas prendas reciben nombres como ‘Cavalier’, ‘Medici’ o ‘Donna MarÃa’.
Los trajes masculinos tampoco se libraron de estas influencias y las levitas con cuellos y esclavinas, de cintura entallada y grandes faldones, eran un reflejo de aspectos de la indumentaria femenina. Hacia finales de siglo la tendencia era presentar un aspecto delicado, ligeramente de ensueño.
Las enormes mangas hinchadas que sobresalen de un traje de paseo de 1895 demuestran que mangas similares a las de las románticas creaciones de 1830 volvieron a estar de moda a finales de siglo. También influyeron otras culturas en la moda occidental.

Los diseños en los zapatos, vestidos y prendas de abrigo revelan que existÃan telas que se tejÃan y bordaban en la India o en Oriente Medio y se vendÃan después en Europa. A menudo, estas estaban decoradas con dibujos hÃbridos, basados en motivos del paÃs pero inspirados en los gustos occidentales. Se usaban animales exóticos para adornar trajes y accesorios, como se aprecia en abanicos y en zapatillas masculinas cubiertas con piel de serpiente de mar amarilla o verde oliva.
Los vestidos también se ornamentaban para parecer prendas fuera de lo común, aunque se confeccionasen con materiales corrientes. Por ejemplo, una llamativa capa, que parece exótica estaba hecha en realidad con plumas de aves domésticas y una bata masculina de franela estaba decorada con motas de lana que imitan el armiño para darle una apariencia más lujosa.
El desarrollo de las nuevas tecnologÃas también afectó al vestido y a su confección. Vestidos llamativos y llenos de color ponen de manifiesto el uso de tintes naturales y artificiales para lograr los deslumbrantes matices que se pusieron de moda durante los años 50 y 60.
Los miriñaques y las faldas que se llevaban encima revelan cómo estas flexibles armaduras de acero ensancharon las faldas y liberaron a las mujeres de varias capas de pesadas enaguas. El corsé, mejorado en su diseño y materiales, ayudó a moldear una figura más esbelta que marcó la moda a partir de 1870.

La máquina de coser tuvo también importantes consecuencias en la confección de la indumentaria y, como puede apreciarse en dos vestidos de mediados de los años 80, el uso de la máquina ahorraba tiempo pero también incitaba a una decoración más compleja.
También son evidentes, aunque menos llamativas, las innovaciones en el traje masculino, como la invención de nuevos elementos de sujeción para cerrar los chalecos por detrás y la mejora en el diseño de los broches.
Hubo muchas mejoras en los métodos de confección de los sastres, nuevos estilos y hechuras como el polisón y la adopción del rojo para los trajes de caza a principios del siglo XIX. Muchos de los vestidos del siglo XIX estaban plegados y fruncidos para que abultasen menos y, al mismo tiempo, fueran vistosos.
La pasamanerÃa tuvo un papel importante en la decoración de vestidos y manteles con objetos como borlas, cordones, flecos y pompones. Fascinación provocaban las plantas y el uso cada vez más extendido de pieles y plumas, lo que originó masivas importaciones de pájaros muertos y de pieles de animales.
Telas estampadas o tejidas y exquisitos bordados con dibujos de hojas y flores demuestran cómo este tipo de ornamentación fue común en los vestidos de hombres y mujeres a lo largo de todo el siglo. Se buscaba inspiración en fuentes variadas, incluyendo grabados de botánica, muestrarios de bordados y las propias plantas que crecÃan en jardines e invernaderos, e incluso hubo vestidos que se hicieron imitando árboles.

Muchas de las plantas son reconocibles, como las capuchinas, las anémonas, las hojas de parra, los lirios, las ramas de brezo y las rosas, aunque en ocasiones sus colores no se corresponden con los de la realidad. En las telas de los vestidos también aparecen representaciones realistas de frutas, que parecen decir ‘¡comednos!
Otra fuente de inspiración fueron los insectos; abejas hechas con pajitas, mariquitas de felpilla y polillas bordadas adornaron los vestidos de los años 60 y 70, y algunas veces eran tan realistas que se podrÃan confundir con insectos auténticos.
Estos es parte de lo que tenemos que contar de la moda del XIX…

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