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La hoja del árbol




Para la reflexión de esta semana copio textualmente lo que me envía Guillén, la vida desde su apreciación en una hoja. No tiene desperdicio le invito a leerle y dejarme sus comentarios aquí o al mail.

La hoja

“Está tan orgullosa y arrogante de tener al árbol cogido. No le dejaría nunca, por que ella era la imprescindible, la que llevaba el rumbo, la que marcaba el paso de los acontecimientos. Es que ella era  LA HOJA del árbol.

El viento la zarandeaba pero ella se mantenía erguida, como si no pasara nada que no pudiera dominar. Verde como el campo, verde en primavera, y fuerte, sí , muy fuerte, por que el árbol estaba a su servicio. Era su creencia, y de esa forma estaba en cuanto a su pensamiento.

Gracias a ella el árbol vivía. Y que él  no se pusiera chulito por que  en un rasco de arrogancia podría desprenderse y abandonarle, y entonces que haría el árbol sin ella?

Sacaba a pasear cada día su luminosidad, aportaba su aroma de oxígeno y se nutría con lo que manaba del tronco, que gracias a ella y a sus excelentes servicios de aportación de clorofila, por cierto, una clorofila exquisita, el árbol milenario podría vivir.

Y se lo creía.

Y vivía en la creencia…

El tiempo de primavera paso, y llegaba el verano, que también pasó. No estuvo muy bien los últimos días del verano, como si le faltara el aire, pero lo achaco a un día que hizo fuerte viento y además llovió mucho.

Más el otoño amenazaba y sus bordes empezaban a resquebrajarse, no se quiso mirar en la laguna que cerca del árbol milenario manseaba. No le dio importancia, por que ella era “la hoja”.



Se puede uno imaginar como termina la arrogancia y la creencia.

La laguna acogió un día su cuerpo vegetal, que una ráfaga de aire arrancó. Por unos días navego a la deriva encima de esa cosa tan fría que ella no merecía.

Y al cabo de un tiempo desapareció.

No comprendió nunca que el árbol pudiera subsistir sin su presencia, sin su prestancia.

La estaba mirado de cerca y se le veía una hoja. Nos separamos más, y había más hojas como ella, exactamente iguales, más lejos y ya no se veía más que una masa informe de color verde, tonada con unos palitos rectos marrones a manera de ramitas, que todas pendían de un gran árbol, inamobible árbol, inconmensurable árbol milenario.

Necesitó la hoja ser arrancada y ahogada para comprender su valía realmente, y su tiempo de verdad.

No se sabe si hubiera cambiado algo su historia, si en su tiempo comprendiera lo que era realmente o vivió en la nube de la ignorancia.

No sabemos que hubiera sido mejor, si saber con certeza su final, y vivir como debe de vivir o llevar la vida alegre, desenfadada y arrogante que llevó.

El final fue el mismo.
El lecho de agua la recogió.

No sabemos si sufrió. Por que como humanos ignoramos las cosas que no comprendemos.

Hizo el ciclo de su vida, la que tiene en sus genes. Pero planteó su vida, quizá de manera diferente a las demás hojas.

O no?

O es que el mismo árbol que la mantiene la da la vida y luego se la quita cuando ya no le hace falta para su subsistencia, la hipnotizó, como a todas las demás hojas, para que diera todo en la vida, su pobre vida y una vez exprimida la dejara morir, en el agua, medio ajeno al que toda su hoja vida había tenido.

No lo sabremos.”


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