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Sabes cual es la persona más importante a la que debemos perdonar?




Si no te liberas de las ataduras que te obligan a no perdonar, a no olvidar y finalmente a la resignación, se te amarga el alma y se enferma tu cuerpo.

Sé libre perdonandote a ti mismo y te será más facil perdonar a los demás.

El perdonar no significa estar de acuerdo con lo que aconteció, ni que lo estemos aprobando o darle la razón a quien te lastimó, significa, dejar de darle importancia a ese suceso, tienes razón… hay circunstancias que no se olvidan, más sí, trata de minimizar y de ser posible borrar aquellos pensamientos negativos que te causan el dolor y el enojo.

La base del perdonar u olvidar es la aceptación de lo que pasó. El no perdonar te ata al resentimiento, te encadena, convirtiéndose en un veneno destructivo para tu espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales que posees, que deben renovarse a diario. Me decía una amiga que ella cada día al anochecer “vacía su saquito”, para no llevar esa “carga” al día siguiente. Es una iniciativa sabia, imagínate que no lo hagamos… ese saquito cada día se llenará más y más, desembocando en que nuestro cuerpo físico se enferme.

Siempre, la persona más importante a la que tenemos que perdonar, es a nosotros mismos.

Aceptar el perdón a nosostros mismos es la clave para liberarnos y olvidar, ni recordaremos con qué persona estamos resentidos!

Reflexiona  ¿A quién no puedes perdonar? ¿Eres tú infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?

Perdonar para poder ser perdonado, pues con con la vara que midas, serás medido. El perdón sana la mente, la conciencia y el corazón. Libera el espíritu.

Para ser totalmente libres en nuestro interior, el perdón es una barrera que deberemos cruzar, no habrá más dolor, ni rencor, comenzará tu sanación interior completa.

El pèrdón te libera.



El perdón se clasifica en 4 circunstancias:

1- Lo primero, perdonarse a uno mismo, algunas situaciones , actitudes y hechos cometidos nos producen desilusión de nosotros mismos, que nos hace sentir humillados y avergonzados, estas fallas requieren de un auto perdón, para ser libre de tus propias fallas.

¡Perdónate! Piensa que nadie  es perfecto tampoco podrás serlo tú, aceptate con humildad, en tu condición de ser humano, te hará volver a depositar la confianza en Dios y en los hombres.

2- Perdonar a los otros. Ya lo mencionamos arriba, no es aceptación de lo que te provocó el resentimiento hacia esa persona, no es darle la razón, es más un olvidar, y si tienes la oportunidad de decirle a esa persona que te ofendió, que la perdonas, “el humillado será ensalzado”, verás su reacción hacia tí y te correspondará, quitándose también sus ataduras.

3- Perdonar a Dios. Algunas tragedias que nos suceden o acontecen a nuestro alrededor, solemos achacarle la culpa a Dios, sentimos que Él se olvido de nosotros, que nos castiga, realmente no es así, nosotros mismos provocamos algunas circunstancias ambientales, accidentes, enfermedades, otras simplemente tienen que suceder pues son ley de la vida, debemos estar seguros que Él no quiere nuestro mal y siempre nos acompaña.

4- El perdón de Dios hacia nosotros. Él perdona las fallas de sus hijos, no importa lo que hayamos cometido, olvida nuestras faltas.

Que tengas un gratificante domingo!


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