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El reiki, la milenaria práctica de la energía orgánica

El reiki, la milenaria práctica de la energía orgánica

Si hablamos de armonía corporal y mental, lo primero que se viene a la cabeza es la meditación, el yoga, las técnicas de respiración, y demás prácticas surgidas del arte oriental del saber vivir. Sin embargo, los sabios asiáticos crearon un sistema que se considerado adecuado para la unión entre cuerpo y alma: el reiki.

Según los expertos, el reiki es un sistema de armonización natural que utiliza la denominada “energía vital universal”, no sólo para tratar enfermedades y desequilibrios físicos y mentales, sino también para lograr el equilibrio justo para las personas que no sufren de ninguna patología. Su creador fue Mikao Usui, quien asegura haber alcanzado un estado máximo de iluminación y plenitud durante un retiro espiritual, hacia el año 1922.

Esta legendaria especialidad tiene un cierto número de premisas en las que se basa su accionar. Entre ellas, se encuentra la creencia de que sólo existe un presente, y que allí es donde debe permanecer la mente, ya que lo que seremos en el futuro, será el resultado de lo que somos ahora.

Otra de las sugerencias que propone el reiki es la de no permitir que ingrese en la mente ningún tipo de preocupación absurda, ya que los errores cometidos en el pasado son irreversibles, y forman un sistema de aprendizaje sumamente necesario para el hombre. En el mismo sentido, preocuparse por el futuro es absurdo, porque cada instante puede ser el último y es preciso apartar el miedo y seguir luchando, confiando y jugando con las cartas de la vida, aprendiendo a fluir con el ritmo del universo.

En las práctica concreta, el reiki se fundamenta en un ser humano que a través de sus manos transmite el reiki, es decir, la fuerza natural de la vida, a un receptor, con el fin de eliminar molestias y enfermedades, y dar la paz interior que esta buscando. En otras palabras, el método consiste en dirigir energía reiki principalmente a los centros energéticos del paciente, con el fin de potenciar el proceso de recuperación y recobrar la armonía.

De este modo, encontramos en el reiki otra de las formas de supervivencia del hombre, de serenidad del alma humana, y su perfecto ensamble con el cuerpo, muchas veces desgastado por el trajín de la vida cotidiana a la que estamos expuestos.